Mauro Cerbino
Primera reflexión
La insubordinación policial ha sido un hecho gravísimo aunque se inscribe en una cierta normalidad si la pensamos en términos de estructura de funcionamiento de la policía. Que esta mantiene un modo de actuación permanentemente en conflicto con la ley no es, desde ningún punto de vista, una novedad. De abusos policiales está plagada la historia de nuestro país. Pienso que lo ocurrido el jueves pasado hay que leerlo a la luz de esta condición estructural. El ministro Jalhk, interpretando tardíamente lo que debía ser una exigencia gubernamental de reestructuración profunda de la institución policial, es probable que haya empezado a echar a andar algunas reformas necesarias en este sentido, para profesionalizar la institución, sobre todo para racionalizar la prevención y el uso de la fuerza en el pleno respeto de los derechos humanos, por medio de cursos de formación. Se trata de rever los procedimientos empleados hasta ahora por la fuerza policial. Estos intentos han producido un evidente malestar entre los policías. Un malestar que se hace patente cuando escuchamos (en uno de los tantos reportajes) las afirmaciones de un policía en las que se lamenta de cómo en la actualidad esos nuevos procedimientos que se deberían en el respeto de los derechos de los presuntos infractores harían por lo contrario inviable su trabajo. Existe así una resistencia a perder estos pequeños espacios de poder que han hecho posible que a veces se haya vulnerado la dignidad y la vida de los ciudadanos. Entonces la sublevación se produce no solo por defender una condición de excepción con respecto a otros servidores públicos en términos de prebendas económicas, sino que lo que está en juego es que esa condición de excepción se aplique también en relación a la ley permitiendo que la fuerza policial (y también la militar) se ubique por encima de la ley. Por ello me atrevo a hablar de “pandillas de los policías”: el modo de actuación en ese día y en muchos otros no difiere del modo como grupos de “pandilleros” actúan, con la diferencia que los policías lo hacen supuestamente amparados por la ley. En el tratamiento de estos asuntos y no solamente como es obvio en sancionar a los responsables (para quienes de ninguna manera cabe amnistía) reside el mayor desafío para construir el después de este gravísimo acontecimiento. Tal vez habrá que considerar que policía y fuerzas armadas, pero sobre todo la primera, se desmilitarice y se convierta en una instancia civil con derecho a constituir un sindicato capaz de operativizar demandas y necesidades y canalizar adecuadamente los conflictos.
Segunda reflexión
De lo ocurrido se puede decir sin duda que la imagen del presidente Correa sale fortalecida tanto internamente como en el exterior. En una sociedad acostumbrada a asistir a escenas de despliegue de masculinidad, de enfrentamientos testosterónicos y de oposiciones entre valientes y cobardes, el presidente sale bien parado. Además, supo encarnar hábilmente al representante de la democracia, fortaleciendo de este modo su figura hiperpresidencialista. No estoy seguro si el resto del gobierno así como la asamblea sale también fortalecida. Pienso que no. El primero se mostró incapaz de entender lo que se venía para poder prevenirlo de algún modo. La segunda no supo socializar y comunicar oportunamente los contenidos de las nuevas leyes que se aprueban con vetos presidenciales, algo que dudo cambiará en el futuro. Entonces, la que sale debilitada es la política en su conjunto. Ademas por otra razón de peso. La reacción ciudadana a lo ocurrido se mostró débil y sobre todo desorganizada. Es el signo de que no obstante la gran mayoría de la que goza el gobierno, en momentos como los que se han suscitado, no sabe cómo organizarse para enfrentar situaciones de esta naturaleza. Esta incapacidad ha dado paso a que una vez más sean los militares los que se yergan como defensores de la democracia permitiendo que haya un desenlace a una situación de fragilidad institucional y política. Para Alianza País queda la enorme tarea de acrecentar sus bases y de construir condiciones de acción política orgánica, de modo a que la “revolución ciudadana” sea asumida por amplios sectores de la población y no identificada por una sola persona.
Tercera reflexión
Los medios privados han tratado el asunto como una crisis política al igual que algunos exponentes de la oposición de derecha. Si bien han rechazado lo actuado por los miembros policiales ha prevalecido la tesis según la cual el presidente Correa habría sido el que ha provocado la crisis. Por su carácter y manera de ser confrontativo se lo hace responsable. Es un discurso perverso que relaciona cosas que deberían mantenerse separadas. Por una lado, la impertinencia de que sea un presidente que vaya a tratar de resolver una cuestión como la que se produjo (está claro que debía actuar el Ministro del Interior) y, por el otro, la sublevación y la ruptura de la cadena de mando. Esta – como ya he señalado – se produce sin que haya causas externas a la institución policial por argumentar. De tal modo que tristemente observamos cómo los medios privados siguen haciendo gala de lo que no debería ser su cometido: ser opositores al régimen. No importa que lo hagan actuando ellos también a la manera de una pandilla. Además la queja que han expresado de que la declaración del estado de excepción les habría coartado la libertad de expresión resulta cuando menos hipócrita si se tiene en cuenta que en las primeras horas de la mañana, cuando se empezaron a dar los hechos, algunos de esos medios decidieron autosilenciarse. Teleamazonas y Ecuavisa, por ejemplo, pasaban telenovelas, aunque luego nos pudimos dar cuenta que sí tenían imágenes. ¿Optaron por establecer un compás de espera hasta observar qué iba a suceder? Es muy probable si volvemos la mirada a nuestra historia reciente y recordamos cuál ha sido la actitud de los medios en anteriores derrocamientos: la apuesta al más fuerte y el reacomodo una vez definida la nueva situación. Ciertamente, la apuesta de los medios no es con la defensa de la democracia, es el pegoteo con los poderosos.
Fonte: Mediacones/Ciespal